ECOSISTEMAS DE ALTA MONTAÑA

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Los ecosistemas de alta montaña tropicales se encuentran ubicados en las montañas de Centro y Suramérica a una altura que varía entre los 3.000 y los 4.500 msnm (Rangel-Ch, 2000). Cuatro franjas o rangos altitudinales han sido generalmente considerados para clasificar estos ecosistemas: i) Bosque Altoandino (3.000-3.600 msnm) que constituye una zona de ecotonía (transición) entre la vegetación cerrada de la media montaña y la abierta de la parte alta; ii) Subpáramo o Páramo bajo (3.600-3.900 msnm) caracterizado por vegetación abierta, con árboles pequeños y arbustos dispersos; iii) Páramo propiamente dicho (3.900-4.200 msnm) principalmente dominado por gramíneas y rosetas caulescentes, donde hay una máxima diversidad de plantas herbáceas y algunos arbustos; y iv) Superpáramo (alturas>4.200 m) caracterizada por vegetación herbácea y gramíneas dispersas en el suelo desnudo y roca (Rangel-Ch, 1997).


Debido a su ubicación geográfica (altitud y latitud) estos ecosistemas están sometidos a condiciones ambientales extremas. Se caracterizan por tener una alta biodiversidad y un alto grado de endemismo de fauna y flora. Adicionalmente, debido a sus condiciones climáticas y a sus características edáficas y de vegetación, estos ecosistemas cumplen funciones ambientales fundamentales, especialmente aquellas relacionadas con el recurso hídrico (Díaz-Granados, Navarrete, & Suárez, 2002). Entre muchos roles, se resalta que estos ecosistemas garantizan una oferta hídrica continua, en la medida en que almacenan el recurso, regulan los caudales y recargan acuíferos, especialmente en épocas de estiaje, además la captura y retención de Carbono, y la oferta de biodiversidad (Lotero, Dossman, Castillo, Giraldo, & Fernández, 2006).


Los páramos han sido considerados como uno de los ecosistemas más vulnerables a cambios abruptos en condiciones climáticas (Ruiz, Moreno, Gutiérrez, & Zapata, 2008). Se caracterizan por poseer un delicado equilibrio que puede alterarse fácilmente debido a presiones externas causadas por actividades antrópicas, como cambio en el uso del suelo para el cultivo de papa y ganadería extensiva (Castaño, 2002).